viernes, 7 de febrero de 2014

2x1!!!!




Segunda parte del prólogo, porque eso de resumir una vida no se le da bien al chico... Pero, eso no lo hace menos interesante de leer.

http://chicoratametal.blogspot.com/2014/02/prologo-quien-soy-y-de-donde-vengo2.html

Gracias en gran medida a sara_f_black, logré vencer uno de mis tantos prejuicios con los AU y los crossover, y me tiré a hacer un case!fic en que Sherlock Holmes y Joan Watson, de Elementary, son unos adolescentes que estudian en Hogwarts... cuyo fandom no necesita ser nombrado.
Estoy tan felicilla con ese fic desde que lo empecé a escribir, que ha terminado siendo uno de mis... chachachán, CUASILIBROS!!! ( Oh, soy tan friki de los libros, :) , tan friki). Miren qué lindo, 19mil palabras hecho un librito de 80 páginas, qué corronguera!!!!!


MUCHOS BESOS Y ABRAZOS!!!!

viernes, 31 de enero de 2014

INICIA!!!

Como lo prometí, el año del caballo trajo en su lomo la nueva blognovela por entregas del Chico rata metal. Y todo inicia desde el principio... Por aquí.

 http://chicoratametal.blogspot.com/2014/01/prologo-quien-soy-y-de-donde-vengo-1.html





jueves, 30 de enero de 2014

Perder el cuerpo, parte final.



Perder el cuerpo, parte final

-o-

Duré poco más de dos años en la rehabilitación. Una vez que los doctores se dieron cuenta de que podían usar los sueños para hacerme mover el cuerpo, las cosas fueron mejorando. Solo tenían que ponerme en un estado semi-inconsciente y hacerme ir a mi mundo, mi hija y familia, para que pudiera mover las piernas como si caminara, y los brazos para abrazar. Eso fue lo que necesité, y que una mujer especializada en mi época hiciera todo lo posible para acondicionar mi vida a lo que recordaba que era el mundo.
—¿Por qué les importa tanto? —le pregunté a esa doctora alguna vez, temiendo mucho la respuesta. Después de más de noventa años desde “mi muerte”… No podía entender que aún les importara un contrato hecho hacía tanto. Y temía por no haber pensando en eso antes de hacerme crionizar.
Primero intentó andarse con rodeos pero al final, y por mi insistencia, me dijo la verdad:
—Eres la primera que sobrevive al trasplante. Eres todo un logro de la ciencia.
Una respuesta fría y utilitaria… Por fin me sentí a salvo. Si era así, el mundo ya no me era tan amenazante, porque a ellos les servía que estuviera bien. Era su milagro médico.

-o-

La primera vez que salí al exterior, supe que también lo habían acondicionado para mí. Era un jardín hermoso, multicolor y de aromas suaves. El sol relucía y, había una fuente de agua con su propia laguna y, más allá, se podía ver la ciudad que me vio nacer y las montañas azuladas coronadas de nieve. Sabía que no podía ser real, porque era muy parecido a lo que yo recordaba.
—¿Te gusta? —me preguntó una doctora, ilusionada.
—Me encanta. —y no mentía. Que supiera que era algo especialmente hecho para mí, y no realmente autóctono al mundo, al verdadero exterior, era gran parte de las razones por las cuales me encantaba.
—Perfecto, porque será donde terminemos con los ejercicios.
Aún me faltaba fuerza en las piernas para caminar, pero hacer ese duro entrenamiento mientras caminaba por las piedras lisas y entre flores, me pareció la mejor manera posible.
… No le dije a la doctora que a mi niña le encantaron los peces multicolores de la fuente.

-o-

Aún me sorprendo cuando me veo al espejo. Por eso los doctores duraron tanto en dejar que me viera. Me insistieron en que podía ser un “gran shock a mi psique”, y que era mejor esperar a que estuviera totalmente estable para que viera mi nuevo reflejo. Duré más de un año en un ambiente hecho para que ni las cucharas pudieran mostrarme cómo era. Sabía que era mucho más blanca que en mi vida anterior, mucho más blanca y delgada. También, sabía que no tenía cabello por los primeros meses y que, cuando dejaron de hacerme procedimientos cerebrales y pudo empezar a crecer, el mismo era muy fino, lacio y claro. Como el de un bebé pequeño.
No pregunté de dónde había venido ese nuevo cuerpo. Nunca quise preguntar algo porque sabía que varias respuestas no me iban a gustar, y solo iban a ser más cosas de las que no tenía control en esa nueva vida. Sin embargo, fue lo que más me intrigaba de mi nueva existencia, porque más de una vez, antes de dormirnos juntas, mi niña me veía a la cara, me acariciaba la mejilla y me preguntaba: “¿por qué ya no te ves como en mis sueños, mami?”.
Y yo he tratado de explicarle varias veces, por más que sé que estoy enojando y preocupando a los doctores por hacer cosas como esa. Lo sé, pero es que solo yo puedo cuidar de mi niña. Nadie más se preocupa por ella. Tengo que apartarle comida de la mía, bañarla junto a mí, cortar de mis vestidos para que ella tenga qué ponerse… No sé porqué les preocupa tanto. Al fin y al cabo, es una buena niña que canta bajito a un lado mientras yo trabajo con ellos en lo que sea que deba hacer ese día. Y ya luego, cuando estamos solas y juntas, ¿a ellos qué les importa de qué hablemos o jugamos?

-o-

—¿Cómo me queda este vestido? —le pregunté a mi doctora, una de ellas, con las que mejor me llevaba.
Ella era una de ese montón de doctores que habían llegado a mediados del primer año, y que no se especializaban en si podía mover un dedo o no; sino en preguntarme cosas de mi vida, y de mi mundo. Científicos sociales, para los cuales también era muy valiosa y con los que era más entretenido estar.
—Perfecto, como siempre.
—No quiero verme perfecta, quiero verme hermosa —y miré hacia mi reflejo, ese que no era yo pero era atractivo, y sin embargo…
—Es la primera vez que dices que quieres verte hermosa —me comentó la doctora.
Algo que he aprendido de vivir tanto tiempo junto a los doctores, es que para ellos cosas muy comunes podían ser de lo más interesantes.
—Uno quiere verse hermosa para el marido aunque sean años de estar casados, querida.
—Ah sí.
—Sí. —acaricié mi mejilla—. Y francamente, no sé si el que me vea hermosa ahora me gusta o no. Al fin y al cabo, él se casó con la… anterior yo.
—¿En serio? —Y la doctora me siguió preguntando mucho sobre el tema.
Aunque me daba cuenta de que su interés era puramente académico, me senté a hablar con ella como una colegiala a punto de ir a una de sus primeras citas con su príncipe azul…
Me abrumo de terror y frío, la oscuridad… Nada.

-o-

Unos mensajeros abren unas compuertas de su camión y se suben en la parte trasera. Al ver lo que acaban de incautar, uno de ellos tiene un ataque de nauseas y el otro, de mayor experiencia o cinismo, acerca el rostro a la cabeza de una mujer negra, amoratada por el frío del envase crionizado en que está. Con los ojos, el mensajero sigue la dirección de los electrodos enchufados a un sistema eléctrico aún prendido.
—Hombre, ¿ésta no es aquella cantante famosa que le dio esclerosis múltiple o algo así? —preguntó el tipo, mientras apagaba el aparato que no debía estar prendido.
—¡Y yo qué sé! ¡Terminemos de una vez con esto! —exigió y pidió el otro mensajero, mientras hacía todo lo posible por no mirar hacia su derecha, donde estaba la cabeza de una niña. El recinto estaba lleno de cabezas de todas las edades y razas, pero esa era la que más le impresionaba—. Juro que ésta es la peor incautación que hemos hecho en la vida. Por más que la compañía se fuera a quiebra, estas cabezas deberían estar siendo enterradas con los cuerpos, en vez de almacenadas aquí.
—Se supone que aún siguen vivos, y que por eso hay todo un embrollo legal. Déjale eso a los jueces y abogados —sin asco alguno, el hombre cogió la cabeza de la cantante en sus manos y se dispuso a bajar—. Nosotros, solo tenemos que hacer lo que ellos nos piden y guardar todo esto en el almacén.
La puso en el fondo de un estante, abajo y al fondo, en la oscuridad.

domingo, 26 de enero de 2014

Perder el cuerpo, primer parte.



Perder el cuerpo, primer parte.

El diagnóstico fueron tres palabras en “científico” y que suelen llamar por sus iniciales; como si el nombrarlo de una manera que la mayoría de mortales no entendemos hicieran a la enfermedad menos terrible. ¡Maldito engaño! Porque esas palabras e iniciales solo significaron para mí el terror, el saber que en pocos meses iba a ser solo un despojo en una cama, alguien encerrado en un cuerpo que no podrá controlar y que necesitará que le limpien el culo.
Debía encontrar algo para evitarlo. Haber nacido en una familia de renombre y con dinero ayudaba, como también el haber hecho una carrera en las artes. “El ruiseñor de las tablas”, la mujer que había llevado la opera a la persona común, también tenía mucho poder de convocatoria. Y así empezaron los desfiles de entrevistas, recaudaciones, terapia física, entrevistas a investigadores de renombre; positivismo frente a las cámaras y un arduo trabajo, teñido de frustración y terror, para seguir al pie de la letra todo lo que mis doctores decían que podía ayudar.
Mis cuentas subían y bajaban en dinero con cada nueva oportunidad de evitar mi destino. Hice dieta, psicoterapia y terapia física siempre; tomé mis medicinas cuando debía, dormía ocho horas al día, era totalmente abstemia y así estaba lista para los rigores de los nuevos experimentos a los que lograba entrar. Era tanta mi obsesión con ser un buen paciente, que no viví la vida. Eso es de lo que más me arrepiento. Hice que todo girara alrededor de mí y mi enfermedad, y no disfruté de mi esposo, familia y amigos, ni siquiera de mi arte.
Si me hubiera dado a la idea de que iba a terminar en una cama y dependiendo de los demás para que me insuflaran algo de vida, hubiera hecho todo lo posible para lograr que ellos quisieran quedarse junto a mí, en vez de intentar no morir. Y aún así, poco más de cinco años después de haber oído por primera vez las palabras que designarían mi destino, estaba tirada en la cama y siendo atendida por tres enfermeras. Tenía visitas, claro, pero cada vez más escasas y valiosas, porque mi frustración de no haber ganado a la enfermedad, teñían todo el ambiente y hasta el humor de ellos. No dejé que sus vidas me contagiaran de esperanza y risas, sino que les hice una muda pero patente queja de que la tuvieran, y yo no.
Decidir criogenizarme fue el único paso que me parecía lógico. Había perdido la batalla porque la ciencia me había traicionado, pero estuve segura que en el futuro, en algún momento, me iba a salvar. Decidí hacerlo unas semanas antes que “muriera” naturalmente, diciéndome que solo iba a ser como un largo sueño, y que después tendría la vida que merecía. Aún cuando sabía que me iban a cortar la cabeza e iba a perder mi voz, y no tenía idea de cómo iba a ser ese futuro donde la realidad sería otra y todos los que conociera alguna vez estarían muertos, no lo pensé dos veces. Era la última opción que tenía para no morir.
—Cuente de diez hacia atrás, por favor. —me dijo el anestesiólogo.
No pude evitar que me hiciera gracia y hasta sonreí. Lo decía como si fuera cualquier otra operación…
—Diez, nueve, ocho, siete…
-o-
La primera vez que “desperté”, no pensé, no sentí ni abrí los ojos. Solo estaba el espacio oscuro, dolor en la cabeza y la confusión. Aunque no podía entenderlo en palabras, sabía que me faltaba “algo”, y eso me causaba terror. Luego, pude ponerle nombre a ese algo: cuerpo.
—Cerebro viable —dijo alguien, aunque solo después despertar pude entender qué quería decir eso.
Luego, sentí el olor a hielo y carne, vi una luz y a mi esposo cerca, sonriendo… El olor del mar, el tacto de una caricia, un abrazo, sentí el movimiento de ponerme en pie y de una lágrima en mi mejilla, de la felicidad por sentir mi cuerpo una vez más. Fue el momento en que pude pensar, y saber qué significaba lo de “cerebro viable” y que, lo que me faltaba, era mi cuerpo…
—¡Apágala! —dijo alguien.
Y todo se volvió negro.
-o-
La música estaba en el mundo y en mí. Sus notas y ritmos me llenaban, como una luz que iluminaba mi ser… Estaba cantando en un teatro, siendo aplaudida por las personas que me admiraban. Pero ellos no me importaban.
Todas las emociones de la historia que contaba tuvieron una reminiscencia en mi cuerpo. ¡La vida era música, y ella me daba vida!
—Ven a la cama… —era la voz de mi esposo, su abrazo y olor.
Sentí la risa, el amor y luego al bebé en mis brazos, y la suavidad de su mejilla cuando le di un beso. Una parte de mí sabía que eso no era un recuerdo, que nunca había tenido un hijo o hija, pero no me importó. El amor que sentí por ese bebé era igual al deseo que tuve alguna vez por traerle a la vida, antes de que supiera que tenía una enfermedad incurable que podría trasmitirle a mi hijo o hija.
… Y sentí cómo movía mi muñeca, para darle vueltas y vueltas. Ella, porque era una niña, reía y yo le cantaba una canción con mala letra, mucho ritmo y corazón; que hablaba del amor que le tenía, y de todo lo que iba a verla hacer con su vida.
—… Está despertando —dijo alguien, desde muy lejos.
Todo se volvió oscuro y había perdido a mi hija. Sentía confusión, dolor y la falta, esa terrible falta que me enloquece y aterroriza. Quise gritar, pero no pude. Necesitaba volver a mi hija y esposo, ¿¡Dónde estaba la música!?
—Entrando en crisis, ¡duérmela! —dijo la misma persona.
¡Sí, duérmanme! Y volví a mi niña, con sus ojos brillantes y su sonrisa. Esa vez, ella me cantaba a mí, y su voz infantil fue lo más hermoso que he oído nunca. Muchas veces, durante esa vida en sueños, me daba cuenta de que era un sueño y me mandaba a despertar. Y lo hacía, despertaba en otro sueño que pronto sabía que lo era. Pero otras veces, era como si los sueños fueran mi vida, por más extraños que esta fuera. Y, en ellos, me daba cuenta que antes solo hubo oscuridad.
-o-
—Tranquila, señora, tranquila… —decía alguien.
Siempre que oía una voz, era diferente a las anteriores, pero esta fue la primera que sentí falsa. El idioma con el que me hablaba no era el natal para ella, y supe que solo lo usaba para poderse entender conmigo. Además, el tono tranquilo y reposado no le era fluido, como si fuera más un ensayo profesional que algo propio de su carácter.
… Pero lo que me extrañó más fue que pudiera pensar todo lo anterior. Las otras veces que había “despertado”, mi mente solo había sido un cúmulo de confusión y, cuando se disipaba un poco, terror por sentir mi condición. Esa vez, estuve más lúcida que nunca y no sentí la “falta”. Sentí como alguien tocaba mi hombro, me era doloroso, pero lo sentí. Y también sentí que estaba acostada, que me dolía la cabeza y, luego, todo el cuerpo…
¡Pero tenía cuerpo!
Abrí los ojos y todo fue luces y formas borrosas. Eso me aumentó el dolor de cabeza, así que los cerré de nuevo. Intenté mover los brazos en busca del contacto de esa persona a la par mía y que acariciaba de arriba abajo uno de mis antebrazos. Intenté hablar, preguntar qué pasaba, pero solo pude abrir la boca y oír un sonido animal salir de mi garganta.
Ha sido la emoción más intensa que he sentido nunca, y la más contradictoria. Tenía cuerpo de nuevo, después de quién sabe cuánto tiempo, y eso me llenó de alivio hasta sentir ganas de llorar, pero también lo quise hacer porque ese cuerpo no respondía bien a mis impulsos, y eso también me era escalofriante.
—… Tranquila, señora —insistía la voz—. Será un proceso largo, pero la acompañaremos en todo el recorrido. Ahora, vuelva a dormir.
Todo lo que me dijo fue verdad. Esa voz, junto a otras de nuevas personas que se fueron agregando con el tiempo, siempre estuvo a mi lado mientras el largo proceso se daba. Sé que estuve dormida la mayoría de ese tiempo y que, cuando lo estaba, se hacían la gran mayoría de procedimientos médicos que conllevaba el trasplante de cerebro que habían realizado conmigo… No sé porqué me parece extraño ese uso de palabras. Aunque yo sea el cerebro trasplantado, eso me hace la persona trasplantada, ¿verdad?
… Los dolores en diferentes zonas al despertar fueron cosa de cada momento consciente, al menos hasta que me dopaban. Siempre me explicaban porqué me dolía y qué habían hecho, pero no entendía la mitad de lo que me decían. La ciencia por fin estaba a la altura de salvarme, pero yo no estaba a la altura de ella.
Cuando por fin terminaron con los procedimientos médicos, fue hora de la terapia física. Pero sé que el “proceso” (Como le llamaban a ese cúmulo de tareas que debía aprender a hacer para controlar ese nuevo cuerpo) estaba siendo mucho más lento de lo que habían previsto. Y yo era la culpable de eso. Deseaba tener un cuerpo sano, pero no esa vida.
Después de la felicidad por volver a tener cuerpo, me golpeó la realidad de que no sabía en qué clase de mundo estaba y que estaba sola en él: ser el conejillo de indias de toda clase de doctores era estar sola. Cuando me hice la criogenización sabía que eso iba a pasar, pero cuando fue realidad… Fue más de lo que quise soportar.
—¿Cuánto tiempo ha pasado? —fue la única pregunta que hice al respecto cuando pude hablar lo suficientemente bien.
—Noventa y tres años.
Todos los que alguna vez conocí estaban muertos. Tuve un ataque de llanto que solo pudieron controlar al dormirme.
Y mientras estaba dormida, mi niña cantaba conmigo, mi esposo y yo discutíamos para luego reconciliarnos… Mi padre hacía como que mi hermana no era su favorita, y yo me contentaba con eso. Y oía las ovaciones a mi voz. Esa voz que ya nunca tendría… La música y la vida solo estaban en mis sueños, tan extraños como fueran, algunas veces pesadillas y en otras, era consciente de que solo soñaba. Y no me importaba. Ahí estaba todo lo que deseaba y recordaba.